viernes, 23 de julio de 2010

Códigos de Barrio

Bang, bang, bang... Los sonidos de tres disparos hicieron que despertara del letargo en el que me encontraba, caminando, por los calurosos callejones del Rímac viejo. De inmediato e inconscientemente caminé hacia el lugar de donde el sonido de los disparos había venido, no era para menos, hace mucho tiempo que no se escuchaban disparos por esas calles, tres años para ser exactos.

A pesar de que me había prometido a mi mismo no caer en ese mundo de violencia, otra vez, había algo dentro de mí que me impulsaba a buscar esos peligros, talvez la mentalidad de barrio que aún arrastro o simple curiosidad, no lo sé.

Lo concreto fue que fui acercándome cada vez más hacia ese callejón, ya casi había llegado cuando comencé a ver los rostros de sorpresa e indignación de la gente que pasaba por allí, rostros de gente que no comprendía cómo puede haber gente tan salvaje como para matar a otros a sangre fría, sin ningún tipo de escrúpulos y razones aparentemente absurdas. Y no los culpo, en realidad se tiene que vivir en ese mundo, o al menos conocerlo por dentro, para poder entenderlo.

Entender que esas personas no eligieron nacer allí, que ellos no es que quieran ser así, es sólo que la mayoría de veces no conocen otra forma de vivir, y no conocen más leyes que los códigos de barrio que se manejan desde hace muchísimo tiempo, desde antes que ellos nacieron, de antes que sus padres lo hagan, y de antes incluso de que alguno de sus antepasados lo haya notado.

Una vez que llegué al lugar de los hechos contemplé una imagen que nunca podré borrar de mi mente, y que aún ronda en mis sueños, o pesadillas si le quiere llamar así: la del Piezas muerto de tres certeros plomazos a la cabeza, clavícula y abdomen.

Habían escrito con aerosol-los asesinos- sobre su cadáver la siguiente frase: "Piezas la traición no se olvida ni se perdona".

Debo confesar que al Piezas muchos en el barrio lo veíamos, de niños, como un ejemplo a seguir, como ese "puntero" conocido y respetado por todos, el que siempre nos defendía ante cualquier abuso, el que una vez casi mata a golpes a un vendedor de droga sin escrúpulos, al que nunca le faltaban jermas (o al menos eso aparentaba, en el fondo era más pisado que baba de caracol) y alguien en quien podías confiar nunca te robaría siendo de tu mismo barrio.

Pero allí yacía, muerto, olvidado como un perro carachoso, atrás habían quedado sus épocas de respeto y admiración, ahora era sólo un cadáver condenado al olvido, una lacra tan grande que los mismos delincuentes, esos a los que la sociedad llama "desadaptados", lo despreciaban, no era más que un traidor, o al menos eso es lo que todos creen.

La verdad de lo que sucedió hace tres años(*) fue otra, una situación paradójica de los códigos, en la que el Piezas se vio obligado a actuar como traidor para no dejar que otro traidor quede como tal frente a los demás, una situación que muchos considerarían absurda, pero que viéndola desde los ojos de una persona natural de barrio tendría mucho sentido.

Yacía con una aparente sonrisa en el rostro, sonrisa de alguien que sabe que murió en su ley, y por consecuencia de sus propias acciones; con una extraña satisfacción de haber muerto con honor, a pesar de ser un simple traidor, al morir de esa forma sus asesinos le devolvieron algo de su dignidad de barrio.

"Hablamos, Piezas" dije mientras emprendía el camino de retorno a casa, había en esa sonrisa algo más que interpreté, o al menos deseo interpretar: el sentido de que el Piezas no quería esa vida de barrio para todos que él quería que tengamos un futuro mejor.

En fin, faltaban aún siete días para el examen de admisión y había, en el mundo de los libros, muchas cosas que aprender, cosas que sin embargo nunca me harán olvidar las lecciones de barrio, esas lecciones de honor y dignidad, lecciones escritas con tinta indeleble e invisible en el alma y el corazón, al parecer nunca podré olvidar los códigos de barrio.

(*) Acerca de los hechos que sucedieron hace tres años... Es una historia muy grande y complicada que talvez escriba luego, pero en otro relato.

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