sábado, 28 de agosto de 2010

¡Catalina, no te nos mueras! (Parte 5 de 5)



La madre de Catalina, ese mismo día, quemó todos y cada uno de los poemas. Las cosas siguieron su rumbo por la casa como si de la casa hubieran surgido. Catalina, la muerta en vida, fue enterrada en los ojos de su madre. Dicen muchos, sin embargo, que las olas se la llevaron en busca de una segunda oportunidad. Yo no lo creo, no creo en los instantes fortuitos.

-¡Mamita, despierte! ¡Mire lo que nos trajo el viento!
-¿Dónde? ¿Dónde?

Fue así como los meses se escurrieron por entre los familiares idos y venidos. Ya nadie hablaba de Catalina, una nueva generación se avecinaba. José, casado con Dios-sabe-quién, tuvo tres hijos de los cuales uno fue poeta, el otro marinero; y el último, humano. La madre, cuyo nombre he mantenido oculto por cuestiones un tanto cuestionadas, viajó muy lejos en un arrebatado intento de volverse loca. Nunca lo logró: su cordura, impecable y duradera, conoció París, Londres y sus sendos corazones. Ya no se hablaba de Catalina en el mundo.
Solo, quieto, y acurrucado en el suelo, un último poema se deslizaba. José lo había encontrado ese día, en pañales, susurrando el recuerdo sempiterno (y también el letargo insulso de su muerte) al no ser visto por mamá.
Y todo, to'íto esto... por alguien que nunca murió siquiera.

viernes, 27 de agosto de 2010

Reflexiones

Fría como siempre, te estaré esperando
algún sueño de aquellos con tu nombre impreso,
estaré ahí a tu espera, como eran las cosas, cosas quedan
yo seré el eterno y tú mi motor...
créeme que ni la tierra nos podrá separar
ni la madera, materia prima, más lejos estaría el mar.
Te cargo como tu siervo, porque en eso me he vuelto,
te cargo por amor, porque eso es lo que siento
aún en tu ausencia, momentánea será, amor sentirá
este humano con una cadena que me amarra al suelo,
y con las manos elevadas al cielo.
Si no fuera real, sueño sería y porque ellos sean
soñando siempre estaría.
Pero soñar sueños, solo eso son,
intentos de proyecciones que alivian el dolor.
con aquel vestido blanco, te estaré esperando
con un racimo de flores amarillas, y eso es todo
cuando recuerdo en un día de lluvia a la puerta del cementerio.

Momento crítico

Siento una navaja atravesar mi carne,
siento como el filo va penetrando lentamente
como mi piel se abre paso como si fuera tela
y mis músculos se rompen como si fuera delgada madera
siento cada vez más fuertes los latidos de mi corazón
una vorágine de imágenes fuertes recorren mi mente

no quiero caer en esta fría vereda
no quiero llorar en este opaco día

Pero no soporto más este dolor,
este dolor, que opaca a este, que me atormenta
este dolor, esta angustia, esta frustración
que se combinan con este ardor en mi garganta
ese dolor que te hace sudar frío por las noches
y lagrimear cuando escuchas su nombre
ese maldito dolor que no se borra...
nisiquiera cuando no sientes las extremidades en tal momento crítico
como ahora.

no quiero caer en esta fría vereda
no quiero llorar en este opaco día

Veo el cálido color pasión derramarse entre mis manos,
siento ese calor recorrer mi pecho, después de tanto tiempo
algo cálido abrigó mi cuerpo.
ya no sé donde me encuentro
Solo siento, solo siento una cosa: el dolor
ese dolor que me aquejaba desde antes
ese dolor que me llevó a la desesperación
al creer que uno más fuerte aplacaría sus efectos
esa tontería que me llevó q este crítico momento.
Oh Dios, si existes, dame un tiempo más, para no caer
no ahora, unos minutos más, quiero caminar hasta allá.
Allá, a sus pies, donde sé que al menos lo último que veré
será su imagen, desde arriba, como siempre estuvo...
en vida, hasta mi muerte, prefiero a este dolor, dejar de vivir.

domingo, 22 de agosto de 2010

¡Catalina, no te nos mueras! (Parte 4 de 5)

Frente al cuerpo en duda, el hermano repite:
-¿Está muerta?

La madre, mutilada, musita con una lágrima incipiente:
-Catalina...

Tras la inútil cuestión del hermano y el suspiro materno inflamado, sábanas rojas emergen de entre las blancas. Todos los presentes lloran. Todas las cosas, todas lloran.

Horas más tarde. Comedor nostálgico y, en cierto modo, resentido.
-¿Qué haras con ellos?
-Come, José. Luego hablamos.

Nueva y desconocida pausa.
-¿Qué haras con ellos?
-Quemarlos. Ahora son malos recuerdos. Los quemaré... Sí, eso haré José. Eso haré.
-Piénselo bien mamita.

Pero ya no tenía sentido insistir tanto.

lunes, 16 de agosto de 2010

¡Catalina, no te nos mueras! (Soliloquio de Catalina / Parte 3 de 5)

-No todos somos humanos... Y algunos hacen Poesía. No, no todos somos humanos.
Cada nota simboliza el inicio de una enfermedad en los músicos, con cada letra muere un escritor... y vive, porque desea vivir así. Y vive, porque a veces no hay otra salida. Mi vida fue tan solo un folio.
Llego al puente, al famoso puente que me permitirá gozar acaso de una vida mejor y más eterna. Y mis versos, que fueron blancos, sencillitos como a mí me gustaban, morirán en el intento de cruzarlo. O lloro, o callo, o verso las últimas horas del pasajero de incalculables dimensiones y asegurado arribo. Hoy yo, que muero, descubro que nunca fui poetisa, mamá. El Grande me envió a cumplir algo que siempre supe malentendido, algo que nunca concebí como importante... Y fue. Todo está ya muerto y en la gleba ha de terminar el sendero lírico que intenté parir. No me delaten, lo que escribí se encargará de hacerlo. Estoy condenada a vivir una eternidad porque mis versos, que blancos y sencillitos fueron, como adoraba hacerlos, serán recordados, mas yo no quiero. Mis manos, que probablemente estarán tiesas, sentirán incluso cuando muertas la caricia hipócrita del reconocimiento de las masas. Nunca debívanguardear tanto. Nunca debí beber el néctar de la pericia, ni saborear el poder de no cumplir con lo establecido. No todos somos humanos. ¡Olviden, familia, a Catalina López! ¡Yo no soy quien se merece tanto! Yo he muerto. Yo no merezco tanto. Yo sí soy humana. Yo soy yo, basta con eso.
Siento, muy dentro de mí, quemando, la violencia del tiempo, las garras de aceptar mi destino adverso. Siento, muy dentro de mí, el porqué... veo cómo pelea con las demás incógnitas. Veo la ecuación de mi vida... ¡Está resulta, qué tristeza! ¡Qué apatía! ¡Qué muerte tan frustrada!
Mamá, no permitas que más Catalinas vean la luz del mundo. No permitas que la imagen que venderán de mis versos se contamine con otras que verán de quien los escribió cuando estaba muerta. No permitas que muera de nuevo, que la eternidad se come una muerte y, de poco en poco, reviva de una manera tan distinta, que a lo mejor mis versos no me gustasen. ¡Mamá, hermano, siento que me voy! ¡Siento irme! ¡Siento tanto no poder decir más! ¡Me calla el Cielo y retrocedo ante su puerta! ¡Tengo miedo! ¡Tengo miedo! ¡Alguien que me auxilie! ¡Recuerden que nunca fui poetisa! ¡Dios me libre del poema! ¡Yo quise ser humana!


Como todas las cosas en la vida, el final tocó a la agonizante y, juntos, formaron una especie de estrofa continua, que llenó, por algunos segundos, de seguridad y regocijo a sus dos familiares presentes; luego, la realidad vuelve en galope y termina la escena con un inoportuno: "¿Habrá muerto, mamita?" por parte de José.


jueves, 12 de agosto de 2010

¡Catalina, no te nos mueras! (Parte 2 de 5)

La hermana, que no vive y vive, tiende sus ojos en el iris fraterno.
-José... José...
Tos y tos de nuevo.
-... cúidemela, hermanito. Cúidemela mucho.

El hermano, humeante en dudas, roza ligeramente la mano de la enferma.
-Catalina... No se preocupe y quédesenos un tantito más.

Llamarada, luz y el sol la abraza. Dejan de ser un momento, luego... luego retornan al estanque.
-Los versos me llaman, pues tú sabes bien que yo viví por ellos.

La mano, que ya se agazapa con temor a lo inevitable, permite sabernos el misterio de la ausente.
-Ya es hora de que ellos vivan por ti.

La revelada intención de la madre se torna expresa al entrar, aún húmeda, al cuarto con una hoja totalmente arrugada. Un poema... Un poema en vilo.
-Madrecita... No le haga esto a su hija.

La casi madre vacila. Tras una ligera pausa y un segundo momento de apatía paralela, nace de nuevo:
-No, José. Ya basta de estas cosas.

Y la verdadera mujer:
-Veo que...
Tos y tos de nuevo.
-... ya me dejó de llorar, mamita.

Y, en efecto, yacía el pañuelo en el suelo. No lo soportó, hizo lo correcto al escapar. La materia, que ahora estaba en su contra, había también desnudado cruel y rápidamente a la mujer contemporánea y, sobretodo, a la madre de los hijos dolidos.

-Dime dónde están todos los demás, Catalina.
-Mamita, por favor. Evíteme este sufrimiento. Yo la quiero mucho...
-¡¿Dónde están?!
Tos y tos aguda.

-Mamá...-susurra entonces el hermano que observa todo, con el alma de escarapela, desde un rincón del cuadro adverso.

¡Catalina, no te nos mueras! (Parte 1 de 5)

Y el hijo postrero:
-Oiga madre, oiga los sollozos de su hija distante.

Y la madre rota:
-¿Distante?

Agita la cabeza ciega.
-¿Distante?
-repite.
Pero era ya algo tácito.

La cama, blanca y arrugada como la leche en otoño...
-Hijita, ¿te nos vas?
Sin respuesta.

-Hermanita, no te vayas.
Respuesta en clave de tos.

-Hijita, no te vayas.
Hay un momento de interesante apatía.

Vuelves con tos en verso.

-Yo creo que tú viviras siempre. Has escrito cosas hermosas.
-Eso la ha matado, José. ¿O es que no me entiendes?

La muerta:
-No mamita. No me llore y no diga eso, mis versos son buenos, blancos, sencillitos como siempre quise... No me llore, por favor.

La madre, que no comprende, sale del cuarto con el pañuelo empapado de mar humano y quejumbroso. Hay una triste y tercera tos acariciando su espalda.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Bella

Mientras bebo este whisky doble y te observo tras mis lentes
puedo observar lo sensual que puedes ser
con esos ojos oscuros tan pasivos
esos labios suaves y pretenciosos
esa cadenita que se pierde en tu escote
y ese vestido tan provocador
tus hermosa piernas, tan blancas, tan finas.
No creas que soy uno más con sus obscenas fantasías,
se apreciar la belleza, venga de donde venga
y tu querida mía, si que eres bella.
Te mueves de una manera tan especial,
más que tomar, me encanta verte bailar.
Con esa cruzada de piernas y tu mirada altanera
que mortal, no se podría enamorar
causa gracia los que has excitado esta noche,
los que te ven con deseo y que tu rechazarás.
Me atrevo o no me atrevo, no, no me considero especial
sonrió lentamente, me miras fijamente,
te observo, levanto mi vaso, lo dejo...
Me levanto, me acerco... a la puerta de salida,
tú, querida, por más hermosa que seas: eres una diva más
de las que no me interesa.

Magnitud

Para mi las horas, días son
Las semanas, minutos llegan a ser
puedo caminar cuantas cuadras sin cansancio
y bajar las escaleras del segundo piso desganado
puedo talvez creer que no he llegado a mi límite
y algunas veces siento, con el mismo hecho, que me sobrepasado
puedo pensar te quiero a más no poder,
y aveces dentro mío: es tan poco, no lo puedo entender.
Talvez algunas personas no están hechas para comprender,
como decía Wilde: hechas están para querer.
puedes preguntarme cuantas veces quieras la hora, querida,
pero mi respuesta será la misma: la hora de verte, amada mía.
Que tal problema el mío, las magnitudes
pero no dudes cariño, sea intenso o leve
el momento en que te bese,
siempre habrá mío:
la profunda muestra de mi cariño.

Soñé

La noche pasada soñe contigo;
con tus labios, rostro y abrazos.
No sabes como me sentí
de saber que te tenía solo para mi.
Como pasa el tiempo,
la barba se me hace pesada
pero seguiré sintiendo, mientras mi corazon siga latiendo,
lo que fui sintiendo, hasta ahora por ti
las historias que sé, los relatos que conté
no hay nada comparado,
con tal sueño de ayer
todo fluye, todo cambia,
pero aunque cambie, quedarán siempre rastros
y ayer, soñé despues de meses, contigo otra vez.

Entre la luz y la oscuridad



Me siento cansado,
cansado de luchar por algo que no se si es bueno,
por algo malo que cansa
y por algo bueno que abruma

Estoy cansado
realmente cansado...
de reír por algo que no da risa,
de sufrir por algo que no importa

Voy a lastimar gente
voy a odiar,
tal vez así pueda aliviar mi cansancio,
tal vez eso sea mi siesta de las cuatro,
tal vez eso sea el remedio de mi desencanto...

miércoles, 4 de agosto de 2010

Ella está rebelde (no la culpo)


Ella saltaba la luz violeta

Revoloteando por los costados

De este amor improvisto

Y yo, espantado,

Mientras la desvisto,

Ella me besa,

Me toma por sorpresa,

Y me destroza con su Poesía

Rebelde. Tan Rebelde.

Ella mueve sus cabezas

Para darme el gran “no”

Y yo cierro los ojos

Como cierra el ruiseñor

Con pereza

Su canto,

Como se cierran mis llantos

No con la Muerte

Sino con su Duelo,

Y recojo,

Del suelo,

Un pequeñísimo corazón esquivo y

Rebelde. Tan Rebelde.

Ella está por allá

Buscando, perdida,

Mi inspiración con un mapa.

Ella tiene sus problemas colosales,

Me dijo a veces que se golpeaba la cabeza

Contra el Amor, pero el tiempo ha pasado:

Ella me ha dicho que se ha casado

Y yo, con mi melodía de falsa entereza

Le he dicho: “Haz volver mis males,

Sirena, labios, aleta,

Escapa, escapa, escapa,

Y que un tifón de perlas te siga,

Para apagar el volcán de esta pasión encarnada,

Para que, libre de reglas,

Poesía, me digas,

De nuevo: “Te quiero, pero no estoy enamorada”.

Escapa, escapa, escapa,

Rebelde. Tan Rebelde






Como la luz violeta.