Él seguía caminando por ese túnel oscuro persiguiendo un resplandor tenue que se supone estaría al final. El túnel olía mal, era como estar en las alcantarillas. Hasta pensó estar en una. Estaba totalmente oscuro, avanzaba con cuidado con las manos adelante por si había un obstáculo. Tenía miedo de tropezarse, escuchaba caer gotas de agua, pero el piso estaba seco, no sabía de donde venía, empezó a agitarse y su corazón quería saltar, no aguantó más y corrió con todo lo que pudo, persiguiendo ese resplandor, esa esperanza de salir de esa soledad maldita que lo tenía atrapado desde hace ya mucho tiempo. Estaba harto de la oscuridad, del mal olor y de ese maldito ruido de las gotas. Corrió y corrió por mucho tiempo, sin darse cuenta que por miedo había cerrado los ojos, era un ciego en una oscuridad plena, corriendo hacia delante, el miedo desapareció, solo la adrenalina estaba presente… De pronto abrió los ojos por voluntad y ahora podía ver el final del túnel. Se detuvo, no podía ver bien debido a que le dolían los ojos. Con una mano sobre ellos salió despacio.
Lo que vio fue algo sorprendente. Estaba en un bosque de neblina espesa y alumbrado por la luna. El resplandor que veía cuando estaba dentro de la cueva, ahora sabía que era una cueva, era al parecer dos antorchas juntas que estaban a la parte izquierda de la entrada.
No tenía nada que perder, así que continuó por el bosque, moviendo hierbas, plantas y ramas. Ahora caminaba con mayor temor. En la cueva estaba solo y a oscuras, pero seguro. Solo tenía miedo a lo que vendría luego, aunque sabía que nadie ni nada se metería a un lugar como ese así que su seguridad estaba garantizada. Ahora la situación había cambiado, estaba a la intemperie, corría riesgos cada segundo que pasaba, podía dejar de existir ahora, mañana o en esta semana. El miedo a lo desconocido ya no era tal, ahora era miedo a ser herido, a ser lastimado, a morir en este lugar, pero aún estaba solo, nada perdía si intentaba avanzar más, quién sabe lo que podría encontrar.
El bosque estaba oscuro, pero se notaba bultos y otras cosas más. Dicen que la vista se agudiza en la oscuridad, la de él se agudizó por necesidad. Se escuchaba el cántico de una lechuza que perturbaba la mente, se escuchaban sonidos de animales salvajes buscando presas y los vanos intentos de las presas por no ser atrapadas, pero el seguía a través del bosque.
La neblina se tornaba más espesa conforme avanzaba, avanzaba con calma hasta que escuchó el gruñido de un lobo, pudo ver su silueta a pesar de la niebla; tranquilo, cambió de rumbo. Más adelante vio unos cuervos en las ramas de un árbol “mal presagio”, pensó.
Parece que cambiar de rumbo sirvió de algo ya que la neblina se iba disipando. Llegó a un lugar tranquilo y sin tanta niebla, había una fogata encendida y al lado estaba una chica de cabello totalmente negro sentada en una piedra de espaldas a él.
Él exclamó: “Te encontré, sabía que la luz que me sacó de la cueva no era la antorcha, fuiste tú”, siguió avanzando, inconcientemente toda la travesía fue por encontrarla a ella, ¿valió la pena toda la angustia y el miedo? Tal vez sí.
Cuando se acercaba, la chica se paró y estaba a punto de voltearse, le vería el rostro, de pronto empezó a sonar una canción de post-punk…
Estaba en su habitación, de su departamento cuando se despertó, su celular estaba sonando. A su lado se encontraba una chica desnuda tapada solo por una sábana y en el suelo la ropa de ambos se encontraba mezclada. “¿Valió la pena?”, pensó. Rápidamente cogió el celular y lo apagó. Volteó, la miró a ella y dijo “Sí, valió la pena”.
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