sábado, 25 de diciembre de 2010

una imagen

como dijo?, si , si, yo tambien le vi muerto
se llamaba como el hijo que perdi
hay que tener uno cerrado el sonido
si , si duele.hay que seguir compañero.

me mira usted como si dudara
hay que ver en las cuevas, hasta el oro llora
y en la chacra, si la hos hablara, que me diria
supongo que el cariño se nos agota en la carne.

si, compañero llore, si, asi se que usted esta luchando de verdad
pero deje ya eso que nos llaman
asi que secate y seamos hoy un poco mas hombres
le veo renovado en las risas de estos, gracias.

la imagen tirada parece un eco en los caminos
 la sangre de lo que nos falto liberar
hay que dejar la amargura debajo de estas piedras
piensa, piensa seguimos pensando

luchemos mientras haya vida, mientras haya luz
mientras haya un grito, mientras se oigan quejas
 algun dia seremos reales
tener... pensar , pensar... HACER.

domingo, 14 de noviembre de 2010

un punto aparte

te escuchare por ultima y de nuevo otra vez.
carajo, pero esta vez por favor mirame cuando hables
me dices que lo que no se oye de esta forma....dices....
que las cosas son tan efimeras y no dices eso, pero lo entiendo por ti

cuesta mirarte y dejarme llorar, pero mirame y dejame asi
te llegare a sentir un poco mojada
tocame¡ que infructuoso es todo esto mi qureridisima
tenemos un punto . creeme lo tenemos¡

sábado, 9 de octubre de 2010

relatos de dios dos

en ocasiones siento que es el fin... que no voy a poder seguir parado mirando todo esto. que es la vida? cuanto significa esa palabra, cuanto significa ese hecho minusculo, ese pedasito de conciencia que se respira y que se ve..no logro determinar si esto llega a tener sentido. si no es con las personas, no logro definir que es lo que debo hacer..por un lado estan esas palabras que supongo amo, por el otro... por el otro lado las cosas que no se si amo y que considero hasta mis huesos, ella es tan linda. a veces me mira y me dice que solo la ame a ella, y esa señora no me pide que la ame sin embargo siento que la amo con solo ver su miseria.. pero son palabras que novalen nada, ella no me pide amor sino ayuda, me pide justicia, me pide tantas cosas que no puedo darle y... ta mare ya estoy empezando a llorar como si eso fuera a resolver algo, que te pasa hijito?, vete mama ahora no, por favor.- pero , pe..., plop, hechado en esta cama y mi cuerpo esta comodo no me duele nada, el suelo debe de doler porque es frio y porque no es suave y porque siempre tantos años fue el lugar de ellos, pero...las cosas que amo, excusa de mierda cobarde que quiere conciliar  todo por no tomar posicion, por que se que todo esto esta cagado y que tiene que cambiar y que...ya no quiero pensar por hoy solo voy a tomar esas pastillas de mierda..
abrio el frasco...prozac espero que aun no mueras se dijo, voviuo apensar en su rostro y se mordio los labios para no volver a llorar

lunes, 27 de septiembre de 2010

Delirio II





Yo te quiero…




Yo te quiero con el corazón, con el alma

Y con el silencio profundo de mí ser,

Yo aprendí tu nombre, tu canción

Y tus ideas,

Yo te robe sueños, suspiros

Y besos.



Yo te miro a los ojos aun siendo ciego

Y percibo lo que tus ojos ven,

Yo danzo en la música que tu inventas

Y celebro esas fiestas estériles que te endulzan;

Yo compuse ese himno azul que solemniza tu nombre

Y esa canción de junio que cada noche te embelesa tus oidos

Yo te quiero, yo te amo, yo te adoro...vida mía


Jhonnatan Mejía

HdS

sábado, 25 de septiembre de 2010

Una herida que se abre, y nace.

Siente esta estaca clavada en mi corazón
esa que clavaste lentamente, hasta dejar sin voz, a este dolor
¿Por qué lo hiciste? Es tu escencia, debe ser
pero yo no puedo seguir este camino
lleno de lirios y rosas, espinas de rosas para ser preciso
Siento despertar de este sueño, este lindo sueño
que por noches se vuelve horrible pesadilla

quisiera ser dios y solo necesitarme a mi
quisiera ser piedra y no poder sentir
quisiera ser flor, y sin tu luz marchitarme sin decir adiós

Pero es imposible, borrar este lienzo
ya no se puede detener el proceso
he caído en este juego, en esta teleraña
y me hundo cada vez más en este fango
me gusta, no me gusta, me gusta, no me gusta, me gusta... talvez
entiendeme, comprendeme, no lo hagas, no hay porqué, que hay, no lo sé
solo locura, talvez, solo cordura ¿no lo crees?
Es el momento cuando los hombres pierden el cerebro,
es el momento cuando el que escribe es el sentimiento
cuando la visión se cansa y los buenos sentimientos perecen
he aquí tu nombre, he aquí el hombre que todos desean no ver.
En especial tú, tú y tambien tú, si aunque no lo creas tú.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Maldición o lección?


Una vez le pregunté al maestro electricista; cuando estaba haciendo conecciones de luz en un poste de reflectores; si no le daba miedo caerse, a lo que me respondió que si, pero no por que muera, sino porque no habría quien mantenga a su familia, pero que ya se han caído ayudantes suyos. Me dio mucha curiosidad por la cautela con que me lo dijo, y prosiguió: "una vez fui con mi ayudante a las ferreterías que hay por las Malvinas para comprar barrillas de aluminio. Mientras regresábamos vimos a un hombre con muletas, y mi ayudante por imitarlo, simula estar con muletas usando las barillas de aluminio; a lo que el hombre con muletas dijo: "Que, ¿ya te aburriste de tus piernas?".Mi ayudante se rió sin darle importancia; al otro día subimos al poste para cambiar los reflectores y el muchacho que se encontraba con todas las medidas de seguridad, cae violentamente al pavimento. Lo llevamos a la enfermería, y luego sus familiares se lo llevaron a un hospital. Poco tiempo después lo vi por la plaza Bolognesi, con muletas, leyendo la sección de empleos de un periódico."

Yo me quedé muy sorprendido, y a decir verdades con la culpa por muchas veces remedar a persona con algún mal, y pensando si tal vez ese hombre con muletas le dio una maldición o tal vez fue un ángel que de dio una lección.

domingo, 19 de septiembre de 2010

relatos de dios. uno

porque tiene que haber tanto pobre, me llega al pincho, me miran como si quisiera que los ayude.... me jode , pero duele  mucho, tal vez deba en realidad hacer algo, no se, puta madre mi familia, mi germa no necesita eso de mi, no tengo tiempo, debo estudiar...
andre miraba al cielo apartando la vista a esa señora sentada en el puente pidiendo que le de un centavo."de que estamos hechos los hombres de acero, de mierda o de corazones nobles" penso, pedro mo ... es una buena cancion.siguio caminando cabisbajo pensando en la forma de como mejorar las cosas para todos.
-tal vez si les dieran plata a todos no habria tantos problemas.sonrio, que mierda estoy diciendo-penso-
bajaba la escalera del puente, ojos pauperrimos,semicerrados siempre, no era chino la tristeza lo habia vuelto asi, pelo negro y mirada triste, combinacion que le molestaba a veces, libros en mano,siete ensayos, trilce, se dirigia a casa, camino por la venida , ya estoy cerca, que habra cocinado mama, me habra llamado chana .... porque  me preodupa tanto que ella llame? ser social, estoy jodido.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Rauda fragmentación de Solano.


-Es una vida de mierda, cholita. Una vida de mierda.

Solano vuelve a prenderse fuego en un cigarro; enseguida, acomoda sus nalgas y cruza las piernas lentamente, como queriendo impresionarnos, pero nosotros no nacimos ayer, Solanito, nosotros sabemos que tú hablas de vidas no vividas. Eres, Solanito, pues, un muerto más, y esa sí es una vida de mierda.

-Es una vida de mierda, Viviana. Una vida de mierda.

A Solano le excita arrugarse la frente, encender la mirada, jugar con el ceño profundo. Él fue desde pequeño un niño mimado con ganas de salir adelante y, algún día, contar sus historias a jovenzuelos descarrilados, y traerlos a bien de nuevo. Nunca logró acercarse a acercarse a lograr su meta. Él, desde pequeño, entre cada sueño y cada “ya vendrá”, entre cada karma perdido, como quien no quiere la cosa, se dejaba corromper por el vicio, por la ilusión, por el sueño de ser ejemplar. Después, entre champagnes y vaginas, volvía a pensar en una buena frase, algo que quedase para Wikiquote.

-Vida de mierda, te digo. Ay, Viviana… ¡Y cómo duele!

Entre un libro de Spinoza y otro de Unamuno, Solano se quedaba con las tremendas fotos de Vanessa Tello, colgadas en Facebook por otro vibrátil mancebo. Solano, en esos sus diecisiete, se creía grande. Spinoza y Unamuno, después de todo, lo fueron. Solano, paradójicamente, siempre convencía, pero nunca pudo vencer.

-Viviana, tú sabes que esta es una vida de mierda. Lo sabes, ¿verdad, tú?

domingo, 12 de septiembre de 2010

SI …




Si la vida fuera

El más grande regalo,

Y el dejarte

el más cruel castigo,

Pues debería entonces quedarme contigo,

Pero no en la vida,

Sino en la muerte eterna del cuerpo

Y la paz infinita del paraíso.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Mátame

Mañana, devuélveme la sonrisa.
Tarde, devuélveme la energía.
Noche, devuélveme la pasión.
Estoy cansado de este día
discúlpame por todo lo vivido,
por todo lo pasado, presente y futuro.
Ya no puedo más conmigo mismo
ya no puedo hoy, mirarme al espejo
estoy harto de medicamentos
estoy harto de vivir a cuestas
mi boca mastica por inercia
mis piernas caminan por necesidad
y mi corazón late por... ya no sé
...ya no sé porqué late

domingo, 5 de septiembre de 2010

¿?

Fumé mi último cigarro
un día cualquiera en marzo
pensaba en ella, pensaba en él
las lagunas de mi memoria
me hacían ver todo perfecto
y los de mi alma me
hundían y ahogaban en ello.
Todo era gris y los rayos de luz eran la anestesia perfecta
para mi soledad
talvez un día, talvez hoy día
no recuerdo bien cuando te conocí
pero debe ser que siempre
te conocí, pero fue un día en el que impresión
me hiciste sentir, y así fue creciendo
lo que yo no creía duradero, pero fue cierto
que sobrepasaste el límite...
de lo que yo consideraba correcto

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Hasta el Fin



Con el polvo estelar del cielo
Y el canto de un ángel guardián
Quiero decirte te quiero
y que no te dejaré de amar

Con el amanecer en la playa
Y el atardecer en la colina
La luz de tus ojos me guiará
Por el largo camino de la vida

No temeré si tú estás conmigo
Volaré lo mas alto que pueda contigo
Disfrutaré de tu amor y tu del mío.

Delirio


Y los lirios, y la tarde…


El pasto verde en el campo,
Alfombra mágica de ensueños,
Como me fascina,
Es como la tranquilidad de tus palabras,
La quietud de tus cabellos,
La candidez de tus ojos.

...y el cielo azul inmaculado,
Inmenso manantial pulcro de emociones cortantes,
Techo de descanso eterno,
Ay niña de mis pasiones,
Me quedaría dormido eternamente en tus brazos acompañado de una hoja.

Y los lirios retemblan cuando tú les tocas,
Se refrescan en tus manos,
Tú les entregas el calor de la vida,
Y ellos te besan como unas mansas palomas,
Saben de tus afanes,
Del sosiego de tus mejillas,
De las ansias de tus labios,
Del romance que una noche te regalo la luna.

Y la balada del viento,
Suave correr de brisas que se deslizan en la pradera del silencio,
Al acercarte se reintegran para entregarte en los oídos
Las locas canciones de la mariposa
Que gime en las noches desconsoladamente.

Jhonnatan Mejia
Hds

sábado, 28 de agosto de 2010

¡Catalina, no te nos mueras! (Parte 5 de 5)



La madre de Catalina, ese mismo día, quemó todos y cada uno de los poemas. Las cosas siguieron su rumbo por la casa como si de la casa hubieran surgido. Catalina, la muerta en vida, fue enterrada en los ojos de su madre. Dicen muchos, sin embargo, que las olas se la llevaron en busca de una segunda oportunidad. Yo no lo creo, no creo en los instantes fortuitos.

-¡Mamita, despierte! ¡Mire lo que nos trajo el viento!
-¿Dónde? ¿Dónde?

Fue así como los meses se escurrieron por entre los familiares idos y venidos. Ya nadie hablaba de Catalina, una nueva generación se avecinaba. José, casado con Dios-sabe-quién, tuvo tres hijos de los cuales uno fue poeta, el otro marinero; y el último, humano. La madre, cuyo nombre he mantenido oculto por cuestiones un tanto cuestionadas, viajó muy lejos en un arrebatado intento de volverse loca. Nunca lo logró: su cordura, impecable y duradera, conoció París, Londres y sus sendos corazones. Ya no se hablaba de Catalina en el mundo.
Solo, quieto, y acurrucado en el suelo, un último poema se deslizaba. José lo había encontrado ese día, en pañales, susurrando el recuerdo sempiterno (y también el letargo insulso de su muerte) al no ser visto por mamá.
Y todo, to'íto esto... por alguien que nunca murió siquiera.

viernes, 27 de agosto de 2010

Reflexiones

Fría como siempre, te estaré esperando
algún sueño de aquellos con tu nombre impreso,
estaré ahí a tu espera, como eran las cosas, cosas quedan
yo seré el eterno y tú mi motor...
créeme que ni la tierra nos podrá separar
ni la madera, materia prima, más lejos estaría el mar.
Te cargo como tu siervo, porque en eso me he vuelto,
te cargo por amor, porque eso es lo que siento
aún en tu ausencia, momentánea será, amor sentirá
este humano con una cadena que me amarra al suelo,
y con las manos elevadas al cielo.
Si no fuera real, sueño sería y porque ellos sean
soñando siempre estaría.
Pero soñar sueños, solo eso son,
intentos de proyecciones que alivian el dolor.
con aquel vestido blanco, te estaré esperando
con un racimo de flores amarillas, y eso es todo
cuando recuerdo en un día de lluvia a la puerta del cementerio.

Momento crítico

Siento una navaja atravesar mi carne,
siento como el filo va penetrando lentamente
como mi piel se abre paso como si fuera tela
y mis músculos se rompen como si fuera delgada madera
siento cada vez más fuertes los latidos de mi corazón
una vorágine de imágenes fuertes recorren mi mente

no quiero caer en esta fría vereda
no quiero llorar en este opaco día

Pero no soporto más este dolor,
este dolor, que opaca a este, que me atormenta
este dolor, esta angustia, esta frustración
que se combinan con este ardor en mi garganta
ese dolor que te hace sudar frío por las noches
y lagrimear cuando escuchas su nombre
ese maldito dolor que no se borra...
nisiquiera cuando no sientes las extremidades en tal momento crítico
como ahora.

no quiero caer en esta fría vereda
no quiero llorar en este opaco día

Veo el cálido color pasión derramarse entre mis manos,
siento ese calor recorrer mi pecho, después de tanto tiempo
algo cálido abrigó mi cuerpo.
ya no sé donde me encuentro
Solo siento, solo siento una cosa: el dolor
ese dolor que me aquejaba desde antes
ese dolor que me llevó a la desesperación
al creer que uno más fuerte aplacaría sus efectos
esa tontería que me llevó q este crítico momento.
Oh Dios, si existes, dame un tiempo más, para no caer
no ahora, unos minutos más, quiero caminar hasta allá.
Allá, a sus pies, donde sé que al menos lo último que veré
será su imagen, desde arriba, como siempre estuvo...
en vida, hasta mi muerte, prefiero a este dolor, dejar de vivir.

domingo, 22 de agosto de 2010

¡Catalina, no te nos mueras! (Parte 4 de 5)

Frente al cuerpo en duda, el hermano repite:
-¿Está muerta?

La madre, mutilada, musita con una lágrima incipiente:
-Catalina...

Tras la inútil cuestión del hermano y el suspiro materno inflamado, sábanas rojas emergen de entre las blancas. Todos los presentes lloran. Todas las cosas, todas lloran.

Horas más tarde. Comedor nostálgico y, en cierto modo, resentido.
-¿Qué haras con ellos?
-Come, José. Luego hablamos.

Nueva y desconocida pausa.
-¿Qué haras con ellos?
-Quemarlos. Ahora son malos recuerdos. Los quemaré... Sí, eso haré José. Eso haré.
-Piénselo bien mamita.

Pero ya no tenía sentido insistir tanto.

lunes, 16 de agosto de 2010

¡Catalina, no te nos mueras! (Soliloquio de Catalina / Parte 3 de 5)

-No todos somos humanos... Y algunos hacen Poesía. No, no todos somos humanos.
Cada nota simboliza el inicio de una enfermedad en los músicos, con cada letra muere un escritor... y vive, porque desea vivir así. Y vive, porque a veces no hay otra salida. Mi vida fue tan solo un folio.
Llego al puente, al famoso puente que me permitirá gozar acaso de una vida mejor y más eterna. Y mis versos, que fueron blancos, sencillitos como a mí me gustaban, morirán en el intento de cruzarlo. O lloro, o callo, o verso las últimas horas del pasajero de incalculables dimensiones y asegurado arribo. Hoy yo, que muero, descubro que nunca fui poetisa, mamá. El Grande me envió a cumplir algo que siempre supe malentendido, algo que nunca concebí como importante... Y fue. Todo está ya muerto y en la gleba ha de terminar el sendero lírico que intenté parir. No me delaten, lo que escribí se encargará de hacerlo. Estoy condenada a vivir una eternidad porque mis versos, que blancos y sencillitos fueron, como adoraba hacerlos, serán recordados, mas yo no quiero. Mis manos, que probablemente estarán tiesas, sentirán incluso cuando muertas la caricia hipócrita del reconocimiento de las masas. Nunca debívanguardear tanto. Nunca debí beber el néctar de la pericia, ni saborear el poder de no cumplir con lo establecido. No todos somos humanos. ¡Olviden, familia, a Catalina López! ¡Yo no soy quien se merece tanto! Yo he muerto. Yo no merezco tanto. Yo sí soy humana. Yo soy yo, basta con eso.
Siento, muy dentro de mí, quemando, la violencia del tiempo, las garras de aceptar mi destino adverso. Siento, muy dentro de mí, el porqué... veo cómo pelea con las demás incógnitas. Veo la ecuación de mi vida... ¡Está resulta, qué tristeza! ¡Qué apatía! ¡Qué muerte tan frustrada!
Mamá, no permitas que más Catalinas vean la luz del mundo. No permitas que la imagen que venderán de mis versos se contamine con otras que verán de quien los escribió cuando estaba muerta. No permitas que muera de nuevo, que la eternidad se come una muerte y, de poco en poco, reviva de una manera tan distinta, que a lo mejor mis versos no me gustasen. ¡Mamá, hermano, siento que me voy! ¡Siento irme! ¡Siento tanto no poder decir más! ¡Me calla el Cielo y retrocedo ante su puerta! ¡Tengo miedo! ¡Tengo miedo! ¡Alguien que me auxilie! ¡Recuerden que nunca fui poetisa! ¡Dios me libre del poema! ¡Yo quise ser humana!


Como todas las cosas en la vida, el final tocó a la agonizante y, juntos, formaron una especie de estrofa continua, que llenó, por algunos segundos, de seguridad y regocijo a sus dos familiares presentes; luego, la realidad vuelve en galope y termina la escena con un inoportuno: "¿Habrá muerto, mamita?" por parte de José.


jueves, 12 de agosto de 2010

¡Catalina, no te nos mueras! (Parte 2 de 5)

La hermana, que no vive y vive, tiende sus ojos en el iris fraterno.
-José... José...
Tos y tos de nuevo.
-... cúidemela, hermanito. Cúidemela mucho.

El hermano, humeante en dudas, roza ligeramente la mano de la enferma.
-Catalina... No se preocupe y quédesenos un tantito más.

Llamarada, luz y el sol la abraza. Dejan de ser un momento, luego... luego retornan al estanque.
-Los versos me llaman, pues tú sabes bien que yo viví por ellos.

La mano, que ya se agazapa con temor a lo inevitable, permite sabernos el misterio de la ausente.
-Ya es hora de que ellos vivan por ti.

La revelada intención de la madre se torna expresa al entrar, aún húmeda, al cuarto con una hoja totalmente arrugada. Un poema... Un poema en vilo.
-Madrecita... No le haga esto a su hija.

La casi madre vacila. Tras una ligera pausa y un segundo momento de apatía paralela, nace de nuevo:
-No, José. Ya basta de estas cosas.

Y la verdadera mujer:
-Veo que...
Tos y tos de nuevo.
-... ya me dejó de llorar, mamita.

Y, en efecto, yacía el pañuelo en el suelo. No lo soportó, hizo lo correcto al escapar. La materia, que ahora estaba en su contra, había también desnudado cruel y rápidamente a la mujer contemporánea y, sobretodo, a la madre de los hijos dolidos.

-Dime dónde están todos los demás, Catalina.
-Mamita, por favor. Evíteme este sufrimiento. Yo la quiero mucho...
-¡¿Dónde están?!
Tos y tos aguda.

-Mamá...-susurra entonces el hermano que observa todo, con el alma de escarapela, desde un rincón del cuadro adverso.

¡Catalina, no te nos mueras! (Parte 1 de 5)

Y el hijo postrero:
-Oiga madre, oiga los sollozos de su hija distante.

Y la madre rota:
-¿Distante?

Agita la cabeza ciega.
-¿Distante?
-repite.
Pero era ya algo tácito.

La cama, blanca y arrugada como la leche en otoño...
-Hijita, ¿te nos vas?
Sin respuesta.

-Hermanita, no te vayas.
Respuesta en clave de tos.

-Hijita, no te vayas.
Hay un momento de interesante apatía.

Vuelves con tos en verso.

-Yo creo que tú viviras siempre. Has escrito cosas hermosas.
-Eso la ha matado, José. ¿O es que no me entiendes?

La muerta:
-No mamita. No me llore y no diga eso, mis versos son buenos, blancos, sencillitos como siempre quise... No me llore, por favor.

La madre, que no comprende, sale del cuarto con el pañuelo empapado de mar humano y quejumbroso. Hay una triste y tercera tos acariciando su espalda.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Bella

Mientras bebo este whisky doble y te observo tras mis lentes
puedo observar lo sensual que puedes ser
con esos ojos oscuros tan pasivos
esos labios suaves y pretenciosos
esa cadenita que se pierde en tu escote
y ese vestido tan provocador
tus hermosa piernas, tan blancas, tan finas.
No creas que soy uno más con sus obscenas fantasías,
se apreciar la belleza, venga de donde venga
y tu querida mía, si que eres bella.
Te mueves de una manera tan especial,
más que tomar, me encanta verte bailar.
Con esa cruzada de piernas y tu mirada altanera
que mortal, no se podría enamorar
causa gracia los que has excitado esta noche,
los que te ven con deseo y que tu rechazarás.
Me atrevo o no me atrevo, no, no me considero especial
sonrió lentamente, me miras fijamente,
te observo, levanto mi vaso, lo dejo...
Me levanto, me acerco... a la puerta de salida,
tú, querida, por más hermosa que seas: eres una diva más
de las que no me interesa.

Magnitud

Para mi las horas, días son
Las semanas, minutos llegan a ser
puedo caminar cuantas cuadras sin cansancio
y bajar las escaleras del segundo piso desganado
puedo talvez creer que no he llegado a mi límite
y algunas veces siento, con el mismo hecho, que me sobrepasado
puedo pensar te quiero a más no poder,
y aveces dentro mío: es tan poco, no lo puedo entender.
Talvez algunas personas no están hechas para comprender,
como decía Wilde: hechas están para querer.
puedes preguntarme cuantas veces quieras la hora, querida,
pero mi respuesta será la misma: la hora de verte, amada mía.
Que tal problema el mío, las magnitudes
pero no dudes cariño, sea intenso o leve
el momento en que te bese,
siempre habrá mío:
la profunda muestra de mi cariño.

Soñé

La noche pasada soñe contigo;
con tus labios, rostro y abrazos.
No sabes como me sentí
de saber que te tenía solo para mi.
Como pasa el tiempo,
la barba se me hace pesada
pero seguiré sintiendo, mientras mi corazon siga latiendo,
lo que fui sintiendo, hasta ahora por ti
las historias que sé, los relatos que conté
no hay nada comparado,
con tal sueño de ayer
todo fluye, todo cambia,
pero aunque cambie, quedarán siempre rastros
y ayer, soñé despues de meses, contigo otra vez.

Entre la luz y la oscuridad



Me siento cansado,
cansado de luchar por algo que no se si es bueno,
por algo malo que cansa
y por algo bueno que abruma

Estoy cansado
realmente cansado...
de reír por algo que no da risa,
de sufrir por algo que no importa

Voy a lastimar gente
voy a odiar,
tal vez así pueda aliviar mi cansancio,
tal vez eso sea mi siesta de las cuatro,
tal vez eso sea el remedio de mi desencanto...

miércoles, 4 de agosto de 2010

Ella está rebelde (no la culpo)


Ella saltaba la luz violeta

Revoloteando por los costados

De este amor improvisto

Y yo, espantado,

Mientras la desvisto,

Ella me besa,

Me toma por sorpresa,

Y me destroza con su Poesía

Rebelde. Tan Rebelde.

Ella mueve sus cabezas

Para darme el gran “no”

Y yo cierro los ojos

Como cierra el ruiseñor

Con pereza

Su canto,

Como se cierran mis llantos

No con la Muerte

Sino con su Duelo,

Y recojo,

Del suelo,

Un pequeñísimo corazón esquivo y

Rebelde. Tan Rebelde.

Ella está por allá

Buscando, perdida,

Mi inspiración con un mapa.

Ella tiene sus problemas colosales,

Me dijo a veces que se golpeaba la cabeza

Contra el Amor, pero el tiempo ha pasado:

Ella me ha dicho que se ha casado

Y yo, con mi melodía de falsa entereza

Le he dicho: “Haz volver mis males,

Sirena, labios, aleta,

Escapa, escapa, escapa,

Y que un tifón de perlas te siga,

Para apagar el volcán de esta pasión encarnada,

Para que, libre de reglas,

Poesía, me digas,

De nuevo: “Te quiero, pero no estoy enamorada”.

Escapa, escapa, escapa,

Rebelde. Tan Rebelde






Como la luz violeta.

miércoles, 28 de julio de 2010

No lo acepto


Al contemplar la devastación en que se hallaban las esperanzas que tenía por alcanzar mis grandes ilusiones, escribo esto.


¿Es justo que en un día se pueda tirar por la borda diez meses de espera paciente? No, es completamente injusto. Casi tanto como la negativa del destino a devolverle la confianza depositada a una persona –a la sazón– muy especial para mi.

Era agradable encontrarnos en el parque... No es cierto, solo una vez lo fue; las otras dos salidas fueron fingidas por ambos, los dos heridos y con una desconfianza que crecia desmesuradamente... hasta que no dio para más y ocurrió lo que tenía que ocurrir: En una aciaga tarde lluviosa, yo terminé solo.

Lo he pensado tantas veces, cuantas horas de vigilia he gastado frente a un cuaderno y lapiz en buscar una causa coherente al desastre. ¿Con que intenciones pudo ir a denunciarme ante ella alguien con quien tarde o temprano habría un enfrentamiento? Él ganó, y yo perdí todo lo alcanzado. Mis ilusiones tuvieron un remezón eterno que concluyó con su destrucción.

Ahora para ella yo tan solo soy un cadaver, un cadaver al cual no se le habla ni contesta, solo se le mira con desprecio.

Cuantos esfuerzos hice yo para revertir esta situación, todo lo que estaba a mi alcance y más inverti en que al menos ella vuelva a confiar en mí. No accedió al pedido, casi suplicandole una respuesta me la dio tácitamente: no gracias.

Si bien las posibilidades de que todo vaya bien para mi cortejan con el cero por ciento, no iba a aceptar mi derrota, ni ahora ni cuando se ponga peor.

lunes, 26 de julio de 2010

Solo para decirte...

Que ya me parecía raro todo esto
Que me sentía incómodo
Que si jugaste una vez conmigo, fui un idiota al pensar que no lo estabas haciendo de nuevo.
Que si un día no te gustaba, al otro día no ibas a cambiar de parecer
Que al menos quería terminar bien contigo
Que no sé si te quería y no sé si decías la verdad al decir que me querías

Ya decía yo que esto era imposible, pero no terminaba de creérmelo.

Ahora soy de nuevo el hazmerreír, gracias

Alguien me dijo que no te gustaba, que sería muy iluso el pensar eso... No sé si es verdad o no. Eso solo lo sabes tú.

No creo en los cuentos de hadas, pero pensé que estabas siendo sincera.

Mi impresión es que querías burlarte de mí de nuevo. Dime, ¿Es eso verdad? Porque no termino de creérmelo...

(Esta es la primera de una serie de cartas que publicaré)

viernes, 23 de julio de 2010

La pequeña Valdivia.



LA PEQUEÑA VALDIVIA.

A Diana Giselle Valdivia Gonzales, porque yo no sé el porqué esta historia, pero espero que nunca pase de un par de paginillas. Y a Nina Li y a Ivana Li, porque sin ellas ya no hay literatura y porque se reirán de esta seriedad innecesaria. Y a todos los cegados del amor, como muestra de mi más sentido pésame.

“Love loves to love love”.

James Joyce, Ulysses

***

Hay gente que colecciona estampas. Hay gente que vive del campo y que al campo regresa hecha abono como para agradecerle o yo no sé. Hay gente linda que se fija en lo simple, y daría la vida por lo simple, porque encuentra en lo simple la llave clave para vivir. Hay gente bella que cocina para ser feliz porque le gusta comer, le gusta cocinar, y le gusta ser feliz. Hay gente que es gente solo de palabra. Hay gente que es gente solo de letra. Y hay gente que no es gente.

Entre esas gentes -malas y buenas, chúcaras y corajudas, bravías y de etiqueta-, hallamos a la pequeña Valdivia riendo sin motivo. Ella se está toda quieta, apretujándose los labios con las manos como si reír fuese algo prohibido. Nadie sabe qué le causa tanta dicha y, diciendo la verdad, es cosa que a pocos le interesa. Pero ella ríe y de eso trata la historia. A por ella.

La pequeña Valdivia, si bien es pequeña, no es tan pequeña como digo. Ya se lleva un poco menos de quinto de siglo pero se ríe sin motivo y de allí entonces que se le crea tan pequeña como (no) es. La no tan pequeña Valdivia está enamorada de un viejo que, si no es por lástima, no sé por qué la próstata no se le malogra. Le lleva no más de tres años, pero su espíritu le lleva cuatrocientos mil ochocientos veintinueve siglos, o algo así. No lo recuerdo bien. Le dicen Diego, pero yo sé que, en el fondo y de noche, se llama Alberto Simón y no es arequipeño, pero yo sé que, en el fondo y desde el Yanahuara, lo es y le gusta serlo. La pequeña Valdivia también es arequipeña pero no sé si le gusta serlo. Nunca le toqué ese tema ni tengo planes de hacerlo. Tocar cosas no es mi estilo. O las miro de lejitos y les sonrío, o no las miro ni les sonrío. A veces, dicha costumbre extraliteraria deja de ser extraliteraria y ya me ve Ud., honorable lector, repitiendo palabras por la incomodidad que me produciría entablar relaciones con nuevas palabras o, lo que sería aun más azaroso, con elipsis fácilmente tergiversables. Tampoco toco piano, pero eso no me evita desear querer hacerlo. Alberto Simón, que no es fácilmente arequipeño, dice que toca piano, pero yo sé que es un mentiroso y que así se va a quedar. La pequeña Valdivia, sin embargo, no se da cuenta de esto y lo quiere mucho y no piensa en una vida sin él. La pequeña Valdivia a veces llora sin motivo.

Yo escucho R.E.M. y sé que todos lloran y todos hieren alguna vez. Pero el amor de la pequeña Valdivia parece ser la excepción, y dice serlo, pero ya sabemos que no lo es. Hay que ser justos en este asunto llamado humanidad, y me ha costado pero he aprendido que todos somos la misma mierda, valemos lo mismo (si algo valemos) y podemos bailar desnudos en el fango si las circunstancias nos empujan a hacerlo. A la pequeña Valdivia le hacen falta, creo yo, unas dosis de R.E.M.

Es como una noche. Yo, yo recuerdo que ella me llamó toda triste y toda desde un teléfono para contarme la desastrosa cita que, horas antes, hubo tenido con Diego, alias Alberto Simón, con su mequetrefe. Yo la escuchaba deshacerse en elogios, subterfugios y divagaciones, todo con su casi obvia intención de no dejarlo como un patán, culpable de todo –a pesar de que lo era y lo sé. Que no le dio flores, pero sus estudios demandaban tanto sacrificio monetario; que no le dio besos, pero que qué caballero para respetarla de tal manera; que tuvieron frío y nadie dio calor, pero que el frío te hace fuerte. Ay, Valdivia. A veces, la pequeña Valdivia ríe y llora sin motivo de tal manera que no puedes encontrar la diferencia. Y yo, ay Valdivia, no digo que la haya. Pero chica como tú, tan enamoradamente perdida, no sé si debería ser premiada o reprendida.

Y es que es propio de estas nuevas tendencias, según dicen, hacer cosas locas. Mientras que las viejas generaciones -visto sea a mi parecer- reclaman sangre y arrepentimientos, las nuevas, las que se van acuñando en el seno grueso del silencio, reclaman originalidad, sorpresa y perdón incluso a precio del desencanto.

Yo soy propio de estas nuevas tendencias. Estas razas nuevas que, para demostrar, de una vez por todas, que calan bien en estos tiempos sagazmente violentos, posan desnudas, se digitalizan, se cambian el nombre, se lanzan a un cargo público, matan a un hombre o escriben cuentos sin final.

No sé si seas, no tan pequeña pero suficientemente pequeña Valdivia, propia de estas nuevas tendencias. Lo que yo sepa ya no me importa o ya no me gusta, porque sé, mi querida invidente, que ese hombre no vale la pena, y sé que tú tienes pena y otras cosas más que no sabría cómo expresar con palabras familiares.

Me doy cuenta ahora de que, a lo peor, no soy tan original. Porque, aunque luche contra el destino, el destino ha de ganar y –así es, honorable lector- este cuento tendrá final (¡Maktub! ¡Maktub, te digo!).

Y tú, pequeña pero incontenible Valdivia, encárgate, por favor, de que tenga el final más original, sorpresivo y misericordioso que se haya escrito nunca. Hagamos, así, del mundo un lugar mejor.

Me gusta imaginar que sí tendrás motivos para hacerlo.

Códigos de Barrio

Bang, bang, bang... Los sonidos de tres disparos hicieron que despertara del letargo en el que me encontraba, caminando, por los calurosos callejones del Rímac viejo. De inmediato e inconscientemente caminé hacia el lugar de donde el sonido de los disparos había venido, no era para menos, hace mucho tiempo que no se escuchaban disparos por esas calles, tres años para ser exactos.

A pesar de que me había prometido a mi mismo no caer en ese mundo de violencia, otra vez, había algo dentro de mí que me impulsaba a buscar esos peligros, talvez la mentalidad de barrio que aún arrastro o simple curiosidad, no lo sé.

Lo concreto fue que fui acercándome cada vez más hacia ese callejón, ya casi había llegado cuando comencé a ver los rostros de sorpresa e indignación de la gente que pasaba por allí, rostros de gente que no comprendía cómo puede haber gente tan salvaje como para matar a otros a sangre fría, sin ningún tipo de escrúpulos y razones aparentemente absurdas. Y no los culpo, en realidad se tiene que vivir en ese mundo, o al menos conocerlo por dentro, para poder entenderlo.

Entender que esas personas no eligieron nacer allí, que ellos no es que quieran ser así, es sólo que la mayoría de veces no conocen otra forma de vivir, y no conocen más leyes que los códigos de barrio que se manejan desde hace muchísimo tiempo, desde antes que ellos nacieron, de antes que sus padres lo hagan, y de antes incluso de que alguno de sus antepasados lo haya notado.

Una vez que llegué al lugar de los hechos contemplé una imagen que nunca podré borrar de mi mente, y que aún ronda en mis sueños, o pesadillas si le quiere llamar así: la del Piezas muerto de tres certeros plomazos a la cabeza, clavícula y abdomen.

Habían escrito con aerosol-los asesinos- sobre su cadáver la siguiente frase: "Piezas la traición no se olvida ni se perdona".

Debo confesar que al Piezas muchos en el barrio lo veíamos, de niños, como un ejemplo a seguir, como ese "puntero" conocido y respetado por todos, el que siempre nos defendía ante cualquier abuso, el que una vez casi mata a golpes a un vendedor de droga sin escrúpulos, al que nunca le faltaban jermas (o al menos eso aparentaba, en el fondo era más pisado que baba de caracol) y alguien en quien podías confiar nunca te robaría siendo de tu mismo barrio.

Pero allí yacía, muerto, olvidado como un perro carachoso, atrás habían quedado sus épocas de respeto y admiración, ahora era sólo un cadáver condenado al olvido, una lacra tan grande que los mismos delincuentes, esos a los que la sociedad llama "desadaptados", lo despreciaban, no era más que un traidor, o al menos eso es lo que todos creen.

La verdad de lo que sucedió hace tres años(*) fue otra, una situación paradójica de los códigos, en la que el Piezas se vio obligado a actuar como traidor para no dejar que otro traidor quede como tal frente a los demás, una situación que muchos considerarían absurda, pero que viéndola desde los ojos de una persona natural de barrio tendría mucho sentido.

Yacía con una aparente sonrisa en el rostro, sonrisa de alguien que sabe que murió en su ley, y por consecuencia de sus propias acciones; con una extraña satisfacción de haber muerto con honor, a pesar de ser un simple traidor, al morir de esa forma sus asesinos le devolvieron algo de su dignidad de barrio.

"Hablamos, Piezas" dije mientras emprendía el camino de retorno a casa, había en esa sonrisa algo más que interpreté, o al menos deseo interpretar: el sentido de que el Piezas no quería esa vida de barrio para todos que él quería que tengamos un futuro mejor.

En fin, faltaban aún siete días para el examen de admisión y había, en el mundo de los libros, muchas cosas que aprender, cosas que sin embargo nunca me harán olvidar las lecciones de barrio, esas lecciones de honor y dignidad, lecciones escritas con tinta indeleble e invisible en el alma y el corazón, al parecer nunca podré olvidar los códigos de barrio.

(*) Acerca de los hechos que sucedieron hace tres años... Es una historia muy grande y complicada que talvez escriba luego, pero en otro relato.

miércoles, 21 de julio de 2010

Hay noches, cisne.


Hay noches en que
la Noche es más larga,
más chicle.

Con un helado destello a tus ojos embisto
en besos y de ellos arranco una pluma
para questos senderos sangrados por bruma,
reparen en mi ardid el futuro previsto.

Con un beso cualquiera, he perdido la calma
helado, de noche, en tus ojos, hundido;
y en tu sonrisa de cisne parezco, a veces, perdido,
porque el verte de a pocos fragmenta mi alma.

Verte así, verte, y solo verte,
hace de las noches un ente distinto:
luego, con un hambre de sed, en tu sentir pinto
una lengua de fuego, dorada y tan fuerte

que la siento aquí, calentándome un costado,
derritiendo en amores nuestro único helado;
y al centro de su rumor te veo de nuevo, como reflejo de luz,
y quiero TANTO besarte esa mano de sonrisa, pero desgracia:
¡llegó el bus!

Hay noches en que
la Noche es más larga,
más chicle,
más de miedo en saber qué decir.




lunes, 19 de julio de 2010

Como decirte



El corazón me palpita
mi ser de desangra
mi alma se agita...
no te lo puedo decir
este corazón roto, aun no se ha acabado de zurcir y
no estoy listo para de nuevo sufrir

Te veo y me dan ganas de decírtelo,
te veo pero no me atrevo
como puedo yo quitar de esos ojos lindos el velo
como puede mi corazón decirte que no,
si mi alma dice que sí...

Te volví a ver



Hoy te vi, otra vez
con tu eterna sonrisa
Esa sonrisa melancólica, tan triste,
que algo debe ocultar

Algo me decía
que hoy te vería
¡Pero quién diría
que tanto me dolería...!

¡Ay, dolor,
pena intensa del alma!
¿Quién hubiera dicho
que tan mal me tratarías?

Te vi allá, a lo lejos,
esperando quién sabe qué
y mi corazón se aceleró
esperando tu reacción

¿Por qué a mí? me pregunté
lo hiciste tú también
Nos miramos fijamente
Tú pensando "¿Qué más da?"

Me acerqué, por cortesía,
al lugar donde tú estabas
Saludaste fríamente
al igual que la última vez...

Hablamos brevemente,
y fuiste muy tajante
"¿No es ese tu carro?"
Me dijiste, botándome

Me alejé a continuación
y decidí no quedarme más
pues, si lo hacía,
con él te vería

¡Aquel infausto animal
que me quitó el corazón!
De nada tiene la culpa,
y tiene la culpa de todo

Hoy te vi, otra vez
¡Después de tanto tiempo...!
Y ojalá no lo vuelva a hacer
sino hasta dentro de mucho...

[Nota: La canción la pongo, precisamente, porque me hace acordar a ella. Es una de sus favoritas.]

viernes, 16 de julio de 2010

El Eugenio Tripas.

"Temer al amor es temer a la vida, y los que temen a la vida ya están medio muertos".

Bertrand Russell.

Eugenio Tripas le cantaba canciones a su esposa. O eso me contaron. Me contaron que Eugenio Tripas, los jueves por la noche, cuando el frío dejaba de serlo para convertirse en hambre, le cantaba, con su vocecita toda ronca, a su Esther, esas canciones casi country, esas de estribillo veloz y vivaracho, en reemplazo, seguramente, de la carne que vendría a la quincena. Esther le sonreía como pan en el horno.

Eugenio Tripas –o eso me contaron- le cantaba canciones a su esposa los jueves por la noche fría y hambrienta. Y me contaron también que Esther tenía mantas gruesas y una afición por los perritos abandonados. Esther era hermosa; Eugenio, viejo. Eran tiempos arrugados para todos.

Octubre pendía, asustado, en el altarcito de Eugenio Tripas. Hace unos meses que octubre seguía, con demasiado miedo y culpa para largarse. Hace unos meses que el tiempo se había detenido y que Eugenio Tripas cantaba la misma canción. Hace unos meses que un grito recorría la cabaña.

Eugenio Tripas sabía, por ese tiempo congelado, que nadie podía siempre obtener lo que quisiese. E, incluso si lo conseguía, sería un triunfo momentáneo. Eugenio Tripas entendía la filosofía del perder. Eugenio Tripas, con sus pocos dientes, era un sabio del dolor más fuerte.

La cabaña de Eugenio Tripas era un hotel de espectros. Sombras iban y venían y escuchaban música casi country. Nunca Eugenio Tripas dormía solo. Pero quién entiende los misterios de la soledad. En esa cabaña, en ese octubre, lo que Eugenio respiraba era el hálito de otros. Esther, entre esos otros, de noche, mecía su hambre y frío con ternura mortuoria.

A Eugenio, el corazón constantemente se le escapaba. Se le iba a veces y no volvía en quincenas. Una vez –según me contaron-, Esther lo encontró en el bosque, mordido y lloroso. Esther trajo a casa un espejo. Esther entendía la filosofía del amor más puro. Eugenio Tripas, al ver a Esther con el herido en brazos, se echó a reír, y abofeteó a su esposa. “Nena… ¡Que no hay carne pa’ tantas bocas!”.

¿Por qué se me paró el octubre? ¿Por qué la lluvia ya no cae, sino que se estanca en ventanas rotas?

En silencio, antes del quiebre, Eugenio Tripas se sentaba a charlar con su corazón abatido y mochilero. Este le contaba sus viajes por Oriente, sus encuentros con famosos, la vida más allá de la cabaña. Le contaba del misticismo incaico, de la bohemia parisina, de los hombres muertos y de los africanos por morir. Eugenio Tripas lloraba con el relato y le acariciaba. Su corazón, solo entonces, se callaba y esperaba la ronda de preguntas y el reproche: que por qué te vas sin avisar, que por qué eres tan pendenciero, que y si te matan, que qué hubiera sido de ti si Esther no te encontraba, que algún día tendrías que devolverle el favor. Que algún día tendrías que devolverle el favor. Que algún día le devolverás el favor.

Eugenio Tripas, cuando tiene hambre, compone la misma canción para Esthercita. Luego, baja y se la canta con alegría inerte. Luego, baja y se la canta como quien reza en un velorio. Luego todo el mundo baja y sube sin saberlo, impulsados por su tristísima metafísica, como las sombras que son.

Eugenio Tripas y Esther de Tripas no siempre habían vivido en una cabaña. Ellos, ellos no siempre habían tenido hambre. Ellos eran irlandeses. Ellos venían de buena familia. De pequeño, en matemáticas, Eugenito Tripas se sacaba puros veintes. La madre de Esther le recordaba siempre lo bellísima que sería cuando Primera Dama. Eugenio Tripas había prometido, en la cuarta cita, el mundo a Esthercita y más que el mundo. Eugenio Tripas, however, nunca indicó que el mundo sería una cabaña sucia y un par de úlceras recalcitrantes. Esthercita siempre nunca dejó de verse hermosa. La cabaña, cuando menos, nunca dejó de ser dulce. La quincena -aunque a veces no- siempre llegaba. Ellos eran irlandeses de buena familia. Ellos lo tenían todo a su manera. Esther tenía un Eugenio; Eugenio, una Esther. Y la cabaña tenía sus espíritus y su aventurero. Eugenio Tripas y Esther de Tripas no siempre habían vivido en una cabaña. Antes, habían parado de refugio en refugio buscando un dulce hogar en donde pudieran, con más ternura, engañar al hambre y al frío.

La noche antes del incendio, Eugenio Tripas había ido por primera vez a Misa. Cuando volvió, fuego, fuego, fuego. Tanto fuego como amor, Eugenio Tripas se internó en el infierno buscando a Esthercita. Las llamas. Ni las llamas más candentes pueden quemar a un cuerpo sin alma ya. Oye, fuego, soy yo, Eugenio Tripas, y te exijo que liberes a mi amada. Pero el fuego no le prestaba atención. Ah, Eugenio, está caliente. Sálvame. Sálvame te lo ruego, porque yo ya no siento mi rostro. Algo me corroe estas manos que buscan las tuyas con tanta vehemencia. Deja que el humo que desprenden mis ojos te encuentre, para verte por última vez y decirte que siempre fui feliz a tu lado. Ah, Eugenio, veo cenizas donde deberían estar mis piernas. ¿Qué está pasando, Eugenito? ¿Y por qué no vienes tú? Entiendo que ya es muy tarde. Mira, que mi boca está en el suelo, quemada. Hace calor por fin aquí dentro, mi vida. Tanto calor que apenas me siento viva. Eugenito, Eugenito, cuánto me hubiera gustado un pequeño, con mis cabellos y tu apellido, para que, contigo, animara las noches sin comida. Pero ya es tarde. Ya no queda piel de mí ni nada. Pero yo sé, picarón, que me seguirás cantando esas cancioncitas cursi solo para coquetearme. No temas hacerlo, Eugenio. Cuando Eugenio Tripas llegó a la mecedora, fuego, fuego, fuego y cenizas. Fuego. Solo hay fuego aquí, carajo.

Es una vida de mierda, Eugenito. Y tú le sigues cantando al vacío con tu vejiga llena. Sabes que ningún bombero vino, sabes que la misma lluvia lo apagó todo y se quedó allí para recordarte su hazaña. Sabes que nada dura, solo aquel octubre, y que todo, de una manera, se pudre antes de florecer. ¿Por qué, pues, sigues cabalgando el potro sangriento que es la realidad? Lánzate y deja que el suelo parta tu cráneo para que lo olvides todo. ¡Lánzate y renuncia, viejo imbécil!

Pero te entiendo, Eugenio Tripas. A Esther no le gustaría eso. Eres todo un picarón. O eso me dijeron.

Soñando una relación

Él seguía caminando por ese túnel oscuro persiguiendo un resplandor tenue que se supone estaría al final. El túnel olía mal, era como estar en las alcantarillas. Hasta pensó estar en una. Estaba totalmente oscuro, avanzaba con cuidado con las manos adelante por si había un obstáculo. Tenía miedo de tropezarse, escuchaba caer gotas de agua, pero el piso estaba seco, no sabía de donde venía, empezó a agitarse y su corazón quería saltar, no aguantó más y corrió con todo lo que pudo, persiguiendo ese resplandor, esa esperanza de salir de esa soledad maldita que lo tenía atrapado desde hace ya mucho tiempo. Estaba harto de la oscuridad, del mal olor y de ese maldito ruido de las gotas. Corrió y corrió por mucho tiempo, sin darse cuenta que por miedo había cerrado los ojos, era un ciego en una oscuridad plena, corriendo hacia delante, el miedo desapareció, solo la adrenalina estaba presente… De pronto abrió los ojos por voluntad y ahora podía ver el final del túnel. Se detuvo, no podía ver bien debido a que le dolían los ojos. Con una mano sobre ellos salió despacio.
Lo que vio fue algo sorprendente. Estaba en un bosque de neblina espesa y alumbrado por la luna. El resplandor que veía cuando estaba dentro de la cueva, ahora sabía que era una cueva, era al parecer dos antorchas juntas que estaban a la parte izquierda de la entrada.
No tenía nada que perder, así que continuó por el bosque, moviendo hierbas, plantas y ramas. Ahora caminaba con mayor temor. En la cueva estaba solo y a oscuras, pero seguro. Solo tenía miedo a lo que vendría luego, aunque sabía que nadie ni nada se metería a un lugar como ese así que su seguridad estaba garantizada. Ahora la situación había cambiado, estaba a la intemperie, corría riesgos cada segundo que pasaba, podía dejar de existir ahora, mañana o en esta semana. El miedo a lo desconocido ya no era tal, ahora era miedo a ser herido, a ser lastimado, a morir en este lugar, pero aún estaba solo, nada perdía si intentaba avanzar más, quién sabe lo que podría encontrar.
El bosque estaba oscuro, pero se notaba bultos y otras cosas más. Dicen que la vista se agudiza en la oscuridad, la de él se agudizó por necesidad. Se escuchaba el cántico de una lechuza que perturbaba la mente, se escuchaban sonidos de animales salvajes buscando presas y los vanos intentos de las presas por no ser atrapadas, pero el seguía a través del bosque.
La neblina se tornaba más espesa conforme avanzaba, avanzaba con calma hasta que escuchó el gruñido de un lobo, pudo ver su silueta a pesar de la niebla; tranquilo, cambió de rumbo. Más adelante vio unos cuervos en las ramas de un árbol “mal presagio”, pensó.
Parece que cambiar de rumbo sirvió de algo ya que la neblina se iba disipando. Llegó a un lugar tranquilo y sin tanta niebla, había una fogata encendida y al lado estaba una chica de cabello totalmente negro sentada en una piedra de espaldas a él.
Él exclamó: “Te encontré, sabía que la luz que me sacó de la cueva no era la antorcha, fuiste tú”, siguió avanzando, inconcientemente toda la travesía fue por encontrarla a ella, ¿valió la pena toda la angustia y el miedo? Tal vez sí.
Cuando se acercaba, la chica se paró y estaba a punto de voltearse, le vería el rostro, de pronto empezó a sonar una canción de post-punk…
Estaba en su habitación, de su departamento cuando se despertó, su celular estaba sonando. A su lado se encontraba una chica desnuda tapada solo por una sábana y en el suelo la ropa de ambos se encontraba mezclada. “¿Valió la pena?”, pensó. Rápidamente cogió el celular y lo apagó. Volteó, la miró a ella y dijo “Sí, valió la pena”.

jueves, 15 de julio de 2010

Presentación

Bueno, para empezar este blog fue creado por alumnos de la Base 2010 de Derecho y Ciencia Política de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos con el fin de publicar uno que otra obra literaria, tambien artículos de nosotros mismos. Creo que a más de uno que estudia derecho le gusta escribir literatura. Para saciar esas ganas se creo este blog.
Sin nada más que decir, a escribir.