miércoles, 21 de julio de 2010

Hay noches, cisne.


Hay noches en que
la Noche es más larga,
más chicle.

Con un helado destello a tus ojos embisto
en besos y de ellos arranco una pluma
para questos senderos sangrados por bruma,
reparen en mi ardid el futuro previsto.

Con un beso cualquiera, he perdido la calma
helado, de noche, en tus ojos, hundido;
y en tu sonrisa de cisne parezco, a veces, perdido,
porque el verte de a pocos fragmenta mi alma.

Verte así, verte, y solo verte,
hace de las noches un ente distinto:
luego, con un hambre de sed, en tu sentir pinto
una lengua de fuego, dorada y tan fuerte

que la siento aquí, calentándome un costado,
derritiendo en amores nuestro único helado;
y al centro de su rumor te veo de nuevo, como reflejo de luz,
y quiero TANTO besarte esa mano de sonrisa, pero desgracia:
¡llegó el bus!

Hay noches en que
la Noche es más larga,
más chicle,
más de miedo en saber qué decir.




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