Frente al cuerpo en duda, el hermano repite:
-¿Está muerta?
La madre, mutilada, musita con una lágrima incipiente:
-Catalina...
Tras la inútil cuestión del hermano y el suspiro materno inflamado, sábanas rojas emergen de entre las blancas. Todos los presentes lloran. Todas las cosas, todas lloran.
Horas más tarde. Comedor nostálgico y, en cierto modo, resentido.
-¿Qué haras con ellos?
-Come, José. Luego hablamos.
Nueva y desconocida pausa.
-¿Qué haras con ellos?
-Quemarlos. Ahora son malos recuerdos. Los quemaré... Sí, eso haré José. Eso haré.
-Piénselo bien mamita.
Pero ya no tenía sentido insistir tanto.
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